Despedida

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COSAS QUE PASAN, ¿TE HA PASADO?
—Quisiera que no tuvieras que irte —dijo ella con los ojos llenos de lágrimas. Sentí los míos humedecerse y estiré los labios intentando lograr una sonrisa, pero solo logré que ellos tiritaran y la tensión acumulada aumentara de golpe.

—Quisiera que no hubieras crecido tanto y no tener que verte partir —soltó mientras me aprisionaba fuerte entre sus brazos. Se sentía en serio como que no quería dejarme ir.

—Voy a volver —dije— y llamaré todos los días y a todas horas —prometí mientras mis manos empuñaban su blusa rosa. También estaba aferrándome a ella con todas mis fuerzas.

Abrazada a la mujer más importante de mi vida lloré como no había llorado hasta ahora. Me había despedido ya de tantas personas y, ante ellas, solo había mostrado la emoción naciente de mi primera aventura sola.

Tenía miedo, claro que lo tenía. Esta era la primera vez que dejaba mi familia, mi casa y mi ciudad sola. No era la primera vez que visitaba otro estado, pero si era la primera vez que viviría en otro lugar por tanto tiempo.

—Solo son tres semanas —le recordé a mi madre y ella me soltó al fin. Confirmó —Me llamarás todos los días —asentí estirando de nuevos los labios y secando mis lágrimas.

—Cuídate mucho —pidió—, y si te arrepientes en el camino regrésate, encontraremos una solución —dijo presionando fuertemente mis manos con las suyas. 

Una sensación de ahogo inundó de nuevo mis fosas nasales y lágrimas nuevas se agolparon en mis ojos. Intenté respirar profundo, pero no pasó. El aire se agolpó en mi pecho aumentando el dolor que la despedida provocaba en mí.

—Adiós —dije separando mis manos de las de ella. Sentí como que no debería dejarla, pero crecer es necesitar volar sola y yo estaba creciendo.

—Me marcas —volvió a pedir y volví a asentir. Tomé la maleta y la hice rodar tras de mí. Escuché llorar a mi madre y caminé mientras también lloraba. Esto era demasiado doloroso.

Frente a la entrada del autobús, mientras el maletero intentaba arrancar de mi mano mi valija, me pregunté si sería mejor quedarme y buscar una alternativa. 

Miré atrás y vi a mi padre abrazar a mi mamá. Entonces tomé una decisión. Subí al autobús y me fui. Si esto era tan difícil, más orgullosos estaríamos de mí cuando lo lograra. 

—Está bien —dije para mí y lloré mirando como los parajes que atravesaba cada vez eran menos conocidos.

—Está bien —repetí y cerré los ojos. Mis padres, seguro habían deseado para mí que montón de cosas buenas me sucedieran y yo lo soñé también. 

—Todo está bien —dije recordando cómo, cuando entré al Jardín de Niños, nos despedimos llorando también, y como las cosas fueron bien desde entonces. 

Esto era un inicio complicado, pero era el inicio de algo bueno, por eso me aventé a caminar sola, porque aprendería mucho de esto y volvería con ellos siendo la gran persona que soñaron para mí.

Comentarios

  1. Qué ternura. Es una despedida, pero en nombre de algo mejor. Los abrazos de gente reunida en una terminal de autobuses encierran muchas historias distintas y cada vez que ando por ahí me gusta imaginar qué habrá detrás de cada una. Es un buen entretenimiento mientras espero mi salida también xD
    Buen relato.

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    Respuestas
    1. Este es pura experiencia personal, creo que el blog se tornó algo así como un confesionario jeje. Es difícil despedirce, sobre todo para personas tan apegadas como yo, pero necesito crecer. De hecho ayer estaba pensando para donde tirarme esa vez, me siento estancada y parece ser que una retirada es la mejor estrategia, aunque no me agrade mucho. Tal vez necesito más despedidas de este tipo.
      Gracias por pasarte por aquí, Saluditos.

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