Autobús equivocado





"Ser despistado es vivir intentando convencerte a ti misma que, lejano a lo que parece, no padeces ningún tipo de dislexia"






—Camión 606 —aseguré— es este —y nos montamos en un autobús que nos devolviera a la ciudad de Xalapa después de haber conocido nuestro próximo destino de trabajo, una comunidad rural llamada Llano Grande, a tres horas aproximadamente de la ciudad donde vivíamos. 

El camino no era diferente, pero las calles que comenzamos a cruzar casi tres horas después si se veían algo nuevas.

»Tal vez entramos por otro lado —sugerí a Ana Rosa, mi compañera de camino, trabajo y vivienda—. Pero todos los camiones llegan a la Sauceda —aseguré algo que en realidad no sabía, pero que imaginaba, 

Media hora de camino después, después de que todos los pasajeros dejaran el autobús, el chófer preguntó: —¿Hasta dónde van señortias?

—A la sauceda —dije intentando no mostrarme avergonzada. A estas alturas ya sospechaba yo que había autobuses que no se pasaban por la sauceda y que este era uno de esos camiones. 

—No paro en la sauceda —dijo—, yo llego hasta aquí y me devuelvo al llano.

Ana Rosa y yo agradecimos el retorno y bajamos del autobús pretendiendo que la tierra nos tragara. 

—"Todos los camiones llegan a la sauceda" —farfulló Ana haciendo unos ademanes demasiado infantiles. 

—Tal vez era 609 —sugerí apenada mientras buscábamos un taxi que nos llevase directamente a nuestra dirección en Xalapa. Porque afortunadamente no subimos a un camión que nos llevara a otro lugar. 





Perderse en otra ciudad no es tan de despistados no, aunque lo que nos llevó a eso fue no fijarme bien en el número de ruta que debíamos abordar. ¿Les ha pasado?
Lección seis: Anotar las cosas importantes y cerciorarme de ellas siempre. 

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