EL MUNDO DE ¿EL IMPOSTOR? CONTRAPUNTO


Dylan Zamund


La guerra en el Líbano había terminado, la Unión soviética había ganado a pesar de las muchas pérdidas que tuvo. Se supone que ganar era algo para festejar, pero Dylan Zamund no lograba sentirse feliz por sus triunfos. El comandante, Albert Knag, le había encontrado llorando a las afueras del gran salón donde todos festejaban haber vuelto a salvo a casa, a pesar de que eran apenas la mitad de los que se habían ido.

Dylan recibió una medalla, que en lugar de enorgullecerle le quemaba la parte del cuerpo que tocaba. Y decidió que la usaría para siempre, en representación de su vergüenza. Él no era más que un vil asesino, se lo dijeron los ojos de ese niño que, para no dejarlo solo, asesinó junto al resto de su familia. Parece excusa, pero un niño sin familia no puede ser feliz.

Esa noche el comandante le dijo que no lo pensara demasiado, que no era su responsabilidad, que él solo cumplía órdenes, pero lo cierto es que no podía perder de vista que el que había apuntado el arma, jalado el gatillo y dejado caer esas bombas no eran los altos mandos, había sido él.

«No podías negarte, te habríamos declarado traidor y morirías con ellos» dijo el comandante. Dylan lo entendía, pero lo odiaba en serio. Tantas vidas que él no tenía el derecho de llevarse, habían terminado por su culpa.

Un mes después de dicha charla Dylan aún no había lograba conciliar el sueño, cerrar los ojos era lo peor, si lo hacía en la cama veía sus rostros llorosos y suplicantes, si era en la ducha podía sentir su sangre recorrerle la pie, dormir no era opción, y se estaba volviendo loco.

“¿Cómo puedo sobrevivir a esto?” preguntó en un telegrama al comandante. Y, en respuesta, un par de meses después recibió un paquete.

Era una compilación de hojas escritas a máquina. En la primera, en letras mayúsculas decía: ¿DANNY ES CULPABLE?

Tenía pinta de buena broma, él era Dylan, no Danny, y por supuesto que era culpable. Dylan tomó el manuscrito, a pesar de que pasaban los ocho de la noche, igual no dormiría. Su cuerpo se había acostumbrado a mantenerse más o menos sano con las dos o tres horas que dormitaba.


El sonido de la pesada baranda recorriéndose retumbó en su cabeza, y algo dolorosamente pesado cayó en su estómago…


Bien, según el relato, el tal Danny no era el culpable. Y, si esto era una metáfora haciendo alusión a su estado, el Comandante estaba fallando enormemente en que él se sintiera identificado con ese chico. Danny no apuñaló a Berny, pero él si le disparó a muchas personas.


A punto de esconderla se percató que el tamaño del avión era más pequeño, era como si se hubiera alejado… pero eso era imposible, seguro lo estaba imaginando.


«Bien, Danny, al parecer ahora si estamos en las mismas» pensó Dylan y sonrió. Él en serio que no tenía ni idea de qué era lo que el Comandante Knag pretendía. Pero la historia parecía interesante, así que, por al menos un rato, disfrutaría de algo.


—Bien —dijo Pepe—, una pregunta… ¿Mataste a tu amigo? —cuestionó el hombre y Danny le miró con los ojos enormemente abiertos.

—Probablemente —balbuceó Danny después de pensarlo un poco.


—¡No lo hiciste! —gritó, y se rió de sí mismo por pelear con un personaje ficticio.


“Nada de lo ocurrido es tu culpa, fueron las circunstancias las que empujaron todo hasta aquí, era tu deber actuar como lo hiciste, no estabas en posición de hacer nada mejor, no eres Superman, no podías hacer más”


»Era mi deber —repitió con los ojos llenos de lágrimas. Lo sabía, pero nunca lo había considerado así. Podía haberse negado, aunque le hubiesen matado si lo hubiera hecho, él solo había elegido su vida y su patria a su humanidad, cuando lo eligió pensó que era una buena apuesta.


“No será fácil, pero vas a salir de esta” 


Leyó Dylan y lloró mucho más, no era de extrañar que Danny no sintiera que las palabras eran para él, en realidad no lo eran. Eran del Coronel para Dylan Zamund.


—No eres malo —dijo Pepe entendiendo el razonamiento que ni el mismo Danny comprendía—, la vida no es justa, a veces nos obliga a hacer cosas que no queremos, y otras nos cobra por cosas que nunca hicimos.


»No somos malos, Danny —dijo Dylan y sonrió a pesar del profundo dolor de cabeza y sus persistentes lágrimas. Y no pudo evitar sonreír un poco más cuando unas páginas adelante se encontró con su nombre escrito en un sobre con una postal.


“La vida no es justa, pero aun así es buena… vive”


»Vive, Danny… vivamos.


«¿Dylan Zamund sería algún otro reo?»


»Soy un reo de la vida, de una vida triste y dolorosa.


“Tú no hiciste nada malo, y lamento que estés en esta posición… Te perdono”


Dylan lloró, incluso más que Danny. Alguien se lamentaba por él, y aún más, le había perdonado cuando él mismo no era capaz de perdonarse todo el mal que había hecho a unos inocentes. Pero no se merecía ese perdón, no podía solo aceptarlo, aún con todo el bien que le hacía tenerlo enfrente.


“¿A qué sabe la libertad?”


«A algo que no merezco» pensó.


“La verdadera libertad viene con la muerte… ¡Muere Dylan!”


Bien, esto era demasiado. Si morir fuera tan fácil hace tres meses se hubiera colgado, o tirado de un puente, o volado los sesos. Pero él no era tan cobarde como para salir corriendo, no era lo que quería.


“Tú nos mataste”, “¿Por qué nos mataste?”, “¿Qué te hicimos nosotros?”, “¿Qué culpa cargábamos nosotros de la guerra entre dos países?”, “¿Puedes dormir en la noche mientras nosotros no podemos despertar por las mañanas?”


Dylan volvió a llorar, pero esta vez de descontrolada manera, no podía creer que tan crueles palabras estuvieran escritas por alguien a quién había solicitado ayuda. ¿De verdad quería que se matara?, eso comenzaba a parecer.

Cuando Danny comenzó a correr por ese bosque Dylan le acompañó en el dolor, él sabía de lo que Danny huía, y le aceleraba el corazón al punto que le dolía incluso respirar.


“Demuéstralo o ríndete”


»No te rindas Danny —pidió suplicante Dylan—… Vive, eres inocente… vive y soluciona todo… vive y sé feliz para siempre… —aconsejó, pero Danny no lo escuchó, él eligió otro tipo de libertad, una que Dylan no estaría dispuesto a tolerar.

Al final de la historia Dylan suspiró, y lloró en silencio por todo lo que el Comandante había hecho pasar a uno de sus personajes literarios favoritos. “El impostor” de Jeffrey Archer, era sin duda un libro que le encantaba, y su Comandante había matado al protagonista solo para darle una lección que aún no entendía bien.

Dylan reacomodó las hojas, y las llevó dentro del sobre en que habían estado, fallando el intento de que entraran por completo, pues en la parte inferior del sobre se había doblado una pequeña nota que él no había notado.

“No eres una mala persona, Dylan. Demuéstralo o ríndete” —Albert Knag, comandante de un batallón con la misión más estúpida de todo el mundo, asesinar personas para que no nos asesinen—.

«¿Demuéstralo?... ¿A caso le estaba pidiendo que hiciera penitencia?»


Dylan sonrió, definitivamente era una mejor idea que solo dejarse morir para purgar sus culpas. Él no era una mala persona, pero había hecho mucho daño, un daño que no podía reparar, pero que intentaría minimizar con buenas obras, sería una buena persona. 

Comentarios

  1. Ahora entiendo. Acá estaba Dylan. Y el escritor era el Comandante. Pobre Danny, al final, pero al menos cumplió su objetivo dejándole un aprendizaje a su lector.
    Muy emotivo este final, hay historias que nos hieren para luego consolarnos de otras heridas más profundas.
    Felicidades por llegar al final de esta ronda, me alegra mucho que participaras.
    Un abrazo.

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    1. Era el plan, que con esta parte todo se develara xD
      Me encanta: "Hay historias que nos hieren para luego consolarnos de otras heridas más profundas". ¿Puedo ponerlo como moraleja de mi historia???
      Muchas gracias, también me alegro de haber participado, ojalá la próxima ronda también me toque reseñarte xD Yo sigo esperando tu epilogo. Muero de ansiedad jeje
      Besos hermosa, gracias por leer, te quiero un montón.

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  2. Hostia xD Ese momento en el que todo cobra sentido jajajajaja. Muy bien pensada la historia y muy bien redactada para que todo hile a la perfección.

    Me ha encantado, de verdad. Ahora me tocará reseñarla :)

    Un besito ♥

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    1. Dios, sigue algo para lo que nunca estaré preparada. aceptar una crítica de mi hermoso bebé. Ojalá no seas muy dura conmigo, aunque no soy de las que se desaniman fácil, soy súper sensible, y creo que eso se nota un poco en mi manera de escribir. Me encanta poner los sentimientos de todo el mundo a flor de piel. Gracias por leer, saludos.

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