EL MUNDO DE ¿EL IMPOSTOR? PARTE 2


La enfermería... ¿Qué haces?


—¿Qué estás haciendo? —preguntó Pepe. Danny le miró e hizo una mueca cuando el algodón con alcohol acarició su labio roto.

—Ellos empezaron —quiso excusar Danny, el hombre que le curaba solo suspiró.

—Hacerte daño no remedia las cosas —explicó Pepe algo que Danny veía fuera de lugar pero no lo estaba. Todo el mundo pudo darse cuenta que en una pelea tres a uno, que el nuevo pudo haber evitado siguiendo su camino, sería Danny el único que saldría perdiendo.

»Sé lo que estás haciendo —dijo Pepe—, lo he visto tantas veces que no me cuesta identificar el patrón. Estas castigándote, Danny, y es por un crimen que no cometiste… ¿no es suficiente la injusticia que la ley cometió contigo? —preguntó intentando hacerle entrar en razón.

Pero Danny no necesitaba entrar en razón, necesitaba desesperadamente justificar su estadía en prisión, y la única respuesta era que él era malo.

»No eres malo —dijo Pepe entendiendo el razonamiento que ni el mismo Danny comprendía—, la vida no es justa, a veces nos obliga a hacer cosas que no queremos, y otras nos cobra por cosas que nunca hicimos.

Danny no dijo nada, no tenía deseos ser partícipe de la sesión terapéutica que su “conciencia” se estaba montando; y definitivamente no necesitaba que alguien más le juzgara, sobre todo si ese alguien no podía absolverlo de sus culpas o sacarlo de prisión.

»¿Sabes?, esto puedes tomarlo como una prueba —sugirió Pepe grillo guardando todos los medicamentos y artefactos que usó en la curación. Danny bufó una risa.

—No me digas —pidió con sarcasmo—, una prueba de Dios —y entornó los ojos sonriendo burlonamente.

—Puedes llamarle Dios, si quieres —dijo el hombre—, puedes llamarle destino, casualidad o vida, pero puedo asegurarte que esto no es más que una oportunidad para que seas más fuerte en el futuro.
—¡No necesito ser fuerte! —gritó Danny poniéndose de pie, furioso—, yo solo quería ser feliz.

—Después de esto podrías ser capaz de apreciar mejor la felicidad —sugirió Pepe y Danny le miró confundido y molesto.

 —Será mejor que no sigas metiéndote donde nadie te llama —sugirió Danny—, no necesito escuchar tonterías, no me ayudan, en serio, en nada —dijo y volvió a su celda.

Estaba molesto, no podía entender lo que el otro decía, aunque todo era porque no podía asimilarlo aún. Cuando uno está en mal estado, cuando se encuentra en el fondo del pozo, lo último que quiere es saber que esto tiene un propósito, a menos que seas un optimista, pero de esos no quedan muchos en este tiempo.

“Vuela” susurró el aire, y Danny sintió escalofríos recorrerle la espalda. ¿Lo había imaginado, no? Esperaba que sí.

Otra ráfaga de viento se coló en su celda y vio como el papel donde un avión estaba dibujado salía volando hasta chocar con la pared.

Danny caminó despacio, y un poco temeroso despegó la hoja del muro, viendo el dibujo con fijeza. ¿Acaso no estaba apuntando hacia otra dirección ese avión?... esto era raro, debía ser otro dibujo, ¿alguien los estaba cambiando?, ¿o lo estaba imaginando?

Danny arrugó el papel en su mano y, pensando que estaba enloqueciendo, volvió sus pasos a la enfermería esperando encontrar aún a Pepe y ahí estaba. Él, que había mostrado interés en el bienestar físico del chico, seguramente no se burlaría de un posible desajuste mental.

—Está jugando contigo —informó el hombre después de escuchar la historia de Danny, esa que contaba del cambio de un dibujo, primero de tamaño, y luego de dirección—. No le hagas caso —pidió.

—No entiendo —preguntó el chico nuevo—. ¿Quién es él y qué quiere conmigo?

—No te lo preguntes muchacho —dijo el hombre—, si lo ignoras te dejará tranquilo.

—¿Él puede hacerme daño? —preguntó un poco asustado, Pepe grillo nunca se había mostrado tan serio como justo ahora, eso le hacía preocuparse de su bienestar.

—No se atrevería —aseguró el hombre—, solo está buscando pasar el rato, no le hagas caso, no te conviertas en su títere, solo ignóralo.

Danny no comprendió lo que el otro decía, pero pensó que era bueno seguir sus consejos. No quería problemas, no con alguien desconocido y con tal sentido del humor. Aunque no podía negar que en el fondo se sentía atraído por la duda de quién era.

»¿Ya tienes trabajo? —preguntó Pepe y Danny negó con la cabeza—. Mi amigo de la biblioteca se va el próximo mes, está buscando aprendiz, ¿quieres intentar? —cuestionó y el chico nuevo asintió. Ser Bibliotecario sonaba a que no era mucho trabajo, y nadie se mete con los chicos buenos que prestan libros ¿o sí?... realmente esperaba que no.

Ambos caminaron a la biblioteca, Pepe saludó a Big Al, un hombre de color, y de tamaño enorme, era imponente a la vista, por eso Danny se mantuvo al margen del que, por algunas semanas, sería su maestro.

Big Al le explicó de sus primeros deberes, a archivar libros y registrar prestamos le enseñaría después, pues tener al grandioso Pepe grillo en la biblioteca era bastante inusual como para desaprovecharlo. Después de eso Big Al y Pepe hablaron de cosas que Danny no entendía mucho, por eso caminó revisando las estanterías hasta que encontró una punta de un sobre saliendo de entre dos libros.

Para Daniel Arthur Cartwrigth c/o Dylan Zamund

Daniel miró la hoja, asustado, la persona que había escrito lo que fuera que hubiera en el sobre debía ser la misma de la que Pepe le había advertido no hacer caso.

—¿Sucede algo, Danny? —preguntó Pepe que le veía desde hace un rato detenido frente a la estantería.

—Nada —aseguró el chico, doblando el sobre y escondiéndolo entre sus ropas. Aunque era un poco tonto hacer eso, el sobre tenía su nombre, lo cual significaba que era suyo, no tenía por qué temer por tomarlo ¿o sí?

—Vamos —dijo Pepe invitándolo a ir con ellos, era hora de la cena, después de eso todos debían volver a sus celdas y dormir, por ello Big Al cerró la puerta y digitó una clave que solo él sabía, además de los guardias de seguridad claro.

Ser bibliotecario no era cualquier cosa, tener el privilegio de leer un libro era solo para aquellos reclusos que se portaban adecuadamente, eso era algo que Big Al platicaría con Danny mientras cenaban.

Durante toda la cena Danny no pudo dejar de pensar en el sobre que guardaba bajo sus ropas. ¿Sería una nota de desafío?, esperaba que no, porque seguramente terminaría aceptando el reto y con más moretones adornando su ya muy morado rostro y cuerpo.

Big Al charló más con Pepe que con el mismo Danny, pero no era tan malo, después de todo Danny no estaba poniendo mucha atención a lo que el hombre fornido decía. Pepe pensó que el chico en la mesa seguía de mal humor, no se imaginaba que había alguien haciendo ruido en su cabeza.


Los dos acompañantes de Danny se pusieron de pie y fueron a entregar la bandeja, Danny hizo lo mismo y pudo ver debajo de su charola la frase “La vida no es justa, pero aun así es buena… vive” una frase que una nueva ráfaga de viento se llevó mientras su cuerpo se estremecía de horror. 

Comentarios

  1. Esa frase del final me encantó. Lo que me pone los pelos de punta es lo que dice antes, ese "vuela" me hace pensar en un montón de posibilidades horribles. Ojalá Danny no se rinda.
    Espero a ver cómo continúa.
    ¡Besos!

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  2. Hola! Mi nombre es Edith y soy la encargada de reseñarte para la 2ª ronda de Blogs Colaboradores, pero estoy un poco perdida. ¿Qué historia es la que presentas para esta ronda?

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    1. Hola, pues es justo esta, puedes encontrar la información de la historia dando click en la portada y allí están los enlaces a los capítulos. Deseo te encante la historia, Saludos.

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  3. Wow me está gustando mucho. Tengo mucha curiosidad por saber quien es el autor de esas notas 🙂🙂

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    1. Que bien que te esté gustando, gracias por pasarte.

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  4. ¡Hola! Me gusta que exista esa filosofía en un sitio tan horrible. Yo también estoy intrigada de saber quién está detrás de todo :) ¡Un beso!

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    1. Yo creo que sin esperanza no hay nada, esperemos que algo bueno surja aunque solo haya cosas malas. Gracias por leer.

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